La frontera de nadie: tensiones, auxilios y acusaciones en el límite SLP–Zacatecas

En la frontera entre San Luis Potosí y Zacatecas hay noches que no deberían repetirse, noches donde la violencia pesa más que el aire, donde el silencio es tan espeso que parece tener memoria.

La de este domingo fue una de ellas. Siete cuerpos aparecieron en la brecha El Salvador, en Villa de Cos, cuatro policías potosinos terminaron detenidos y una región entera volvió a entender que aquí, en esta línea partida entre dos estados, la gente vive entre decisiones que se toman lejos y consecuencias que se sienten cerca.

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El reporte llegó al 911 como llegan todos los que lastiman: sin rostro, sin nombre, solo la advertencia de que algo terrible esperaba entre la maleza. En Salinas, una patrulla ya estaba ocupada, no había tiempo para esperar, los agentes que pudieron responder lo hicieron en una camioneta civil prestada, la misma que a veces sirve para patrullajes porque los recursos no alcanzan.
Aquí así es: se trabaja con lo que hay, aunque nunca sea suficiente.

Salieron rumbo a la frontera, a ese territorio donde la línea entre un estado y otro no está pintada en el suelo, pero sí en la vida de quienes la habitan. En esos pueblos, todos saben que cuando cae la noche, la ley es apenas una intención.

Cuando los policías de SLP llegaron, Zacatecas ya había encontrado los siete cuerpos, las luces blancas iluminaban la tierra seca y las siluetas inertes, ahí estaban las víctimas, pero sus historias todavía no.
Siete vidas apagadas, siete familias que quizá aún no lo saben.

Los agentes potosinos hicieron lo que han hecho decenas de veces: presentarse, coordinar, apoyar. Aquí, la frontera se ha sostenido más por acuerdos informales entre policías que por discursos entre gobiernos.

Pero esa noche, una camioneta sin balizamiento —esa que jamás habría levantado sospechas en la vida real de la frontera— se volvió la línea divisoria del operativo. Los zacatecanos preguntaron, los potosinos explicaron y aun así, en cuestión de minutos, vino la frase que heló todo: “Van a quedar detenidos.”

Mientras los mandos potosinos intentaban entender qué estaba ocurriendo, la respuesta no llegó por radio ni por llamada oficial, llegó por una publicación.

El secretario general de Gobierno de Zacatecas, Rodrigo Reyes Mugüerza, anunció en redes sociales que los cuatro detenidos serían “probables responsables”, presuntamente implicados por un vehículo con manchas de sangre.

La acusación se hizo sin pedir antes un solo documento a San Luis Potosí, ni la bitácora del C5, ni el parte de salida, ni el registro del comodato, ni la ubicación exacta del auxilio.

Con ese mensaje, los cuatro agentes dejaron de ser policías que acudieron a un auxilio y pasaron, ante la opinión pública, a ser sospechosos antes de ser escuchados. Los que trabajan con lo que tienen, contra los que publican desde un escritorio

Sus compañeros lo recuerdan igual. Nadie les dijo que estaban implicados en los homicidios, Les hablaron solo de un oficio de comisión, les cuestionaron la camioneta, nunca les explicaron por qué pasaron de auxiliar a presuntos responsables.

Ellos, los que estaban ahí, grabaron la escena, talvez por intuición, tal vez porque aquí, en la frontera, grabar es a veces lo único que puede protegerte, mientras tanto, en los edificios de gobierno, las versiones crecían por separado.

Zacatecas defendía su postura, San Luis Potosí buscaba explicaciones y entre ambas narrativas, las familias de esta región seguían viviendo lo de siempre… Las noches sin patrullas suficientes, los caminos donde nadie sabe quién pasó, los rumores que corren más rápido que la seguridad.

Esta no es una zona cualquiera. Hace días aparecieron cinco cuerpos en Ahualulco. Hace años que los pueblos cercanos aprendieron a evitar ciertas brechas. Hace demasiado que la violencia se mueve entre estados sin pedir permiso.

Ambos gobiernos firmaron una colaboración hace semanas, hoy esa colaboración parece de papel, basta una noche, un malentendido, una acusación precipitada para romperla y en medio de todo, la gente, la gente que vive aquí despierta hoy con preguntas que nadie contesta:

¿Por qué se detuvo a los agentes sin revisar primero el auxilio que atendían? ¿Por qué el anuncio se hizo en redes antes que entre instituciones? ¿Quiénes son las siete personas encontradas? ¿Qué pasará ahora con los cuatro detenidos? ¿Quién cuida realmente esta tierra cuando los gobiernos no se coordinan?

Porque al final, la frontera no la cargan los comunicados, la cargan quienes la viven. Una noche que deja una verdad incómoda, La brecha El Salvador volvió a recordarle a ambos estados lo que casi todos aquí ya sabían, en esta franja del altiplano, cuando la violencia aparece, cuando las instituciones se contradicen, cuando un auxilio termina en acusación, y cuando siete cuerpos quedan tendidos sin respuestas… La frontera no pertenece a nadie y la gente que la habita, tampoco.

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