En el mes de marzo, estuvimos conmemorando el día internacional de la mujer. Nos unimos para hacer especialmente visible la lucha en pro de la igualdad, la justicia, la paz, la seguridad y en una sola palabra, la dignidad de la mujer.
Desde 1848 en la Convención de Seneca Falls, en Nueva York; el nacimiento de las Naciones Unidas en 1945, que tuvo como principal demanda la igualdad; las Mariposas Inolvidables de la República Dominicana en 1960; la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en México en 1970; el inicio de la conmemoración del 8 de marzo por la ONU en 1975; los reclamos de las mujeres de Islandia en ese mismo año; el Programa de Acción del Cairo en 1994; la Plataforma de Acción de Beijing en 1995; el fin de la guerra civil y la elección de la primera jefa de Estado en Liberia; el movimiento #metoo y un sinfín de hechos y movimientos nos muestran las batallas de una lucha que hoy, en el 2025 no termina.
Son batallas de todos los días y desde todos los espacios.
La dignidad y seguridad de la mujer, como la de todos los seres humanos, debe ser el fundamento y fin de la vida social, de las políticas públicas, de los ordenamientos jurídicos, del Estado de Derecho.
El respeto a la dignidad debe ser el valor más básico que fundamente la construcción de nuestros derechos, pero no solo se trata de una búsqueda para su regulación, sino que se exige su garantía.
Debemos acabar con todas aquellas patologías sociales que provocan una visión distorsionada de las mujeres, de aquellas miradas que ignoran nuestra dignidad, nuestro valor.
El Derecho es precisamente uno de los instrumentos que nos puede acercar a tal anhelado objetivo.
El Derecho es el medio para que se logre vivir armónicamente en un ambiente de pleno respeto a la dignidad de todos los seres humanos, para permear y lograr un cambio en la sociedad en la que vivimos.
Como sociedad, como mujeres y, con mayor razón, como mujeres abogadas tenemos una enorme responsabilidad y una doble exigencia que nos obliga a trabajar con mayor esfuerzo a favor de todas nosotras.
Que todos, como profesionales del derecho, desde nuestra trinchera, desde nuestros espacios de trabajo, impulsemos la prevención, la atención, la sanción y la erradicación de todo tipo de discriminación y violencia en contra de las mujeres, que seamos la voz de miles de mujeres que no tienen acceso a una información adecuada ni a los medios que les permitan desarrollarse y defenderse digna y plenamente como todos los seres humanos.
Informemos, colaboremos, trabajemos día a día por hacer de nuestra profesión la más noble de todas, busquemos en representación de las mujeres la materialización de la igualdad jurídica entre la mujer y el hombre, el respeto a su dignidad, la no discriminación, el reconocimiento y absoluto respeto a su libertad e integridad.
Compañeras: seamos abogadas sororarias, aliadas en esta lucha de reconocimiento y de respeto. Que todos los días recordemos que el camino a la igualdad sustantiva es largo, pero juntas será más fácil llegar. Que para los profesionales del derecho, todos los días sean día de la mujer.
