Cuando un marcianito manda un “hola”, no se queda mirando su pantalla como estatua ni revisa su nave cada dos segundos.
No, no.
Los marcianitos tienen una habilidad súper especial: saben estar presentes.
Si un marcianito dice:
—Voy a jugar con mi hermanito, entonces juega de verdad.
No está viendo si alguien le mandó un emoji, ni si llegó un mensaje de “¡hola!”.
¡Nada de eso!
En Marte, las reglas son claras: si estás con tu familia, estás con tu familia; si estás jugando, estás jugando; si estás comiendo galletas de estrella… ¡estás comiendo galletas de estrella!
Los humanos, en cambio, a veces parecen tener un celular pegado a la mano.
Muchos viven así:
—¿Puedo salir a jugar?
—Espera… estoy viendo si ya me contestaron.
Cuando los marcianitos escuchan eso, se ríen un poquito y preguntan:
—¿De verdad necesitas que alguien mueva un dedo para que puedas disfrutar tu día?
En Marte no son esclavos del tiempo.
Allá, lo disfrutan.
Lo mastican despacito, como si fuera un chicle de luna.
Si hay una fiesta, todos celebran de verdad.
Si hay un juego, todos juegan sin tomar mil fotos.
Y si hay una conversación, nadie está mirando otra cosa.
Y cuando un humano dice:
—No tengo tiempo…
Los marcianitos le contestan sonriendo:
—Tal vez sí tienes tiempo… lo que te falta es estar aquí, donde están tus pies y tu corazón.
