Las lluvias torrenciales que azotaron recientemente múltiples estados del centro y sureste del país provocaron una crisis humanitaria con al menos 28 personas fallecidas, daños severos en infraestructura y decenas de miles de afectados.
El estado más golpeado fue Hidalgo, donde se registraron al menos 16 muertes y daños en más de 1,000 viviendas. Asimismo, hospitales, escuelas e infraestructura vial sufrieron estragos por desbordamientos y deslizamientos en zonas de laderas.
En Puebla, se confirmaron 9 defunciones y se reportan desaparecidos. Las precipitaciones también afectaron zonas de Veracruz, donde ríos como el Cazones se desbordaron, dejando viviendas anegadas y evacuaciones forzadas.
Ante la emergencia, el gobierno federal desplegó a más de 8,700 elementos del Ejército, Marina y Guardia Nacional para tareas de auxilio, apertura de vías, distribución de ayuda humanitaria y evaluación de daños.
El presidente Claudia Sheinbaum instruyó coordinación entre entidades federativas para restablecer servicios eléctricos, limpiar carreteras y encabezar operativos de rescate ante zonas aún comprometidas.
El impacto es notable no sólo en vidas humanas, sino en el tejido social de comunidades vulnerables, donde el acceso a vivienda digna y servicios básicos está en riesgo. Esta contingencia pone de relieve la importancia de invertir en infraestructura resiliente, sistemas de alerta y mecanismos de prevención para enfrentar el creciente fenómeno de lluvias extremas en México.
