Este 30 de agosto, familias buscadoras volvieron a ocupar el espacio público con los rostros de sus desaparecidos; Voz y Dignidad advierte que en San Luis Potosí existen reportes de mil 500 personas desaparecidas y 130 sitios de exterminio localizados en los últimos años.
Hay fotografías que una familia nunca debería tener que imprimir para buscar a alguien.
Este domingo, afuera del Santuario de Guadalupe, en la capital potosina, los rostros de hombres y mujeres desaparecidos volvieron a ocupar un espacio que sus familias se niegan a dejar vacío.
Una fotografía. Un nombre. Una fecha. Un teléfono. Una palabra que se repite demasiadas veces: DESAPARECIDO.
En el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, colectivos de búsqueda de San Luis Potosí se reunieron para colocar fichas de quienes todavía no regresan a casa.
No fue solamente un memorial.
Fue otra manera de preguntar: ¿dónde están?
Porque detrás de cada ficha hay una historia detenida. Una familia que sigue esperando una llamada, una puerta que alguien quisiera escuchar abrirse nuevamente, una silla que permanece vacía y una búsqueda que puede prolongarse durante meses o años.
Edith Pérez Rodríguez, presidenta del colectivo Voz y Dignidad por los Nuestros, advirtió durante la conmemoración que San Luis Potosí continúa atravesando una crisis de desapariciones.
De acuerdo con las cifras referidas por la activista, existen reportes de alrededor de mil 500 personas desaparecidas y 130 sitios de exterminio localizados en los últimos años en territorio potosino. Pérez Rodríguez sostuvo, además, que los números oficiales no alcanzan a reflejar la verdadera dimensión del fenómeno.
Pero para las familias, las cifras nunca serán suficientes para contar lo que ocurre.
Porque ellas conocen la desaparición de otra manera.
La conocen recorriendo montes, brechas y caminos. Pegando fichas. Preguntando. Revisando fotografías. Siguiendo información. Buscando entre la tierra cualquier indicio que pueda llevarlas hasta quienes les fueron arrebatados.
Algunas han tenido que aprender incluso aquello que nadie debería necesitar saber.
“Nadie debería aprender a buscar fosas. Nadie debería recorrer montes y caminos esperando encontrar una señal. Ninguna madre debería tener que aprender a distinguir restos humanos”, expresó Voz y Dignidad por los Nuestros en el mensaje preparado para este 30 de agosto.
La organización puso también sobre la mesa una exigencia que las familias buscadoras han repetido durante años: buscar no debería ser responsabilidad de ellas.
“La búsqueda es una obligación del Estado. La investigación es una obligación del Estado. La identificación es una obligación del Estado. La verdad y la justicia son obligaciones del Estado”, señalaron.
Las familias, dijeron, buscan porque aman.
Las instituciones deben hacerlo porque es su deber.
Frente al Santuario de Guadalupe, las fotografías hicieron visible una ausencia que corre el riesgo de convertirse en parte del paisaje cotidiano. Y precisamente contra eso luchan también los colectivos: contra acostumbrarse.
Contra reducir a una persona a un número de carpeta.
Contra mirar una ficha y seguir caminando.
Contra pensar que porque han pasado meses o años ya no queda nadie esperando.
“Los desaparecidos no son expedientes. No son carpetas. No son estadísticas”, recordó el colectivo.
Tampoco los restos encontrados en una búsqueda son solamente huesos. Alguna vez fueron personas con nombre, familia, proyectos y una vida que alguien sigue recordando.
Por eso las fichas colocadas este domingo afuera del Santuario no solamente recuerdan a quienes faltan.
También hablan de quienes permanecen.
De madres, padres, hermanos, hermanas, hijos y familias enteras que transformaron una ausencia en una búsqueda y que, pese al cansancio, siguen pronunciando los nombres que otros podrían olvidar.
Este 30 de agosto, San Luis Potosí volvió a encontrarse frente a cientos de rostros y una misma pregunta.
¿Dónde están?
Mientras esa pregunta continúe sin respuesta, las familias seguirán buscando.
Seguirán colocando fotografías.
Seguirán pronunciando nombres.
Seguirán entrando a los caminos y removiendo la tierra cuando sea necesario.
No porque esa tarea les corresponda.
Sino porque del otro lado de cada ficha hay alguien a quien aman.
Y porque mientras falte uno, para ellas, todavía falta encontrarles.
