¿Qué te tiene que pasar? Una tarde de risas, lágrimas y silencios en NEX TÚ

San Luis Potosí, SLP.- “Cierren los ojos”. Y por unos instantes, el Centro Cultural Bicentenario dejó de ser un auditorio lleno de cientos de jóvenes para convertirse en un espacio donde cada uno estaba, inevitablemente, a solas consigo mismo.

Bernardo Fernández Tanus estaba por terminar su participación en el primer Foro Juvenil Contigo NEX TÚ. Durante su conferencia había hablado de caídas, de miedo, de resiliencia, de fe y de los días en que él mismo tuvo que aprender a vivir sin algo que casi todos damos por sentado: la libertad. Pero para cerrar ya no quiso que lo escucharan a él. Quiso que se escucharan ellos.

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Con los ojos cerrados, les pidió mirar hacia adentro. Pensar cuántas cosas hacen todos los días únicamente porque “así tiene que ser”, por costumbre, por tradición, por miedo a cambiar o simplemente porque llevan tanto tiempo repitiéndolas que dejaron de preguntarse si todavía las hacen felices.

“¿Qué te tiene que pasar?”, había preguntado una y otra vez.

¿Qué tiene que ocurrir para salir de un lugar donde ya no quieres estar? ¿Por qué permanecer ahí si no te gusta, si no lo disfrutas, si ya no te llena? ¿Qué tendría que arrebatarte la vida para comenzar a mirar de otra manera aquello que hoy parece insignificante?

Las respuestas no llegaron desde el escenario.

Estaban en las butacas.

Hubo quien apretó los labios intentando contenerse. Quien bajó todavía más el rostro. Quien respiró profundo. Los ojos comenzaron a humedecerse y algunas voces se quebraron. Durante unos minutos, Bernardo consiguió algo difícil en un auditorio lleno de jóvenes: que dejaran de mirar hacia afuera.

Él tuvo que aprenderlo de una manera distinta.

Fernández Tanus, empresario, conferencista y exfuncionario poblano, pasó alrededor de cien días privado de su libertad. Y cuando habló de aquellos días no lo hizo solamente desde el proceso que lo llevó a prisión. Habló de lo que significa despertar y descubrir que ya no puedes decidir cosas tan elementales como dónde estar, hacia dónde caminar o con quién compartir el espacio.

Contó que tuvo que convivir con personas que quizá afuera jamás habría elegido conocer, algunas con las que no existía afinidad y otras con las que simplemente no se llevaba bien. Ahí, explicó, también tuvo que aprender de empatía, de miedo y de la convivencia obligada. Porque cuando una puerta se cierra y tú ya no tienes la posibilidad de abrirla, hasta las decisiones más pequeñas adquieren otro significado.

Por eso, cuando finalmente salió, lloraba.

Lloraba por lo que veía. Por lo que podía sentir. Por aquello que antes había estado frente a sus ojos todos los días y que nunca había pensado que pudiera perder.

Porque a veces hace falta que algo desaparezca para entender cuánto significaba.

De ahí nació buena parte del mensaje que llevó a NEX TÚ. Habló de fe, resiliencia e inteligencia emocional; de construir una identidad propia y aprender a ser uno mismo en un mundo que constantemente dicta cómo vivir, qué perseguir, dónde estar y hasta qué significa tener éxito.

Pero aquella tarde no todo fueron lágrimas.

Horas antes, Axel Tejada había hecho exactamente lo contrario: hacerlos reír.

Con una conferencia construida desde el humor y la diversión, habló de “desbloquear el chakra de la risa”. Y aunque la frase provocó carcajadas, detrás había una invitación mucho más sencilla: recordar que también tenemos derecho a disfrutar la vida.

Reír sin culpa. Encontrar momentos que hagan más ligeros los días. No permitir que la rutina, la presión, las expectativas o los problemas apaguen por completo aquello que todavía puede provocarnos una sonrisa.

Parecían dos mensajes opuestos.

Uno hacía reír.

El otro cerraba los ojos y hacía llorar.

Pero ambos terminaron hablando, desde lugares completamente diferentes, de una misma necesidad: volver a sentir.

Y entonces llegó el momento que cambió el significado de prácticamente todo lo ocurrido aquella tarde.

Christian Doig Alvear, líder de Contigo e impulsor del encuentro, subió al escenario. Ya no habló únicamente del proyecto, de los jóvenes que llenaban el recinto ni de lo que vendría después.

Habló de alguien que ya no estaba.

Pidió un minuto de silencio por el joven que recientemente murió por suicidio en instalaciones de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.

Y el Bicentenario calló.

El mismo lugar que minutos antes había escuchado carcajadas quedó completamente en silencio.

Cientos de jóvenes. Sesenta segundos. Ninguna palabra.

Christian habló entonces de depresión y de la razón por la que, para él, hacer este tipo de encuentros tenía sentido. Reconoció algo doloroso: el mensaje que estaban intentando compartir aquella tarde no alcanzó a llegar a ese joven.

Y quizá fue precisamente esa frase la que terminó de romper algo dentro de muchos.

Porque ya no se estaba hablando de depresión como una estadística, una efeméride o un concepto que aparece en las campañas de prevención. Se hablaba de una ausencia reciente. De una silla que podría estar ocupada y no lo estaba. De una vida a la que ninguna de las palabras pronunciadas aquella tarde alcanzó a llegar.

Christian aseguró que mientras estuviera en sus manos poner un granito de arena para ayudar, lo haría.

Y entonces todo pareció conectarse.

La carcajada de Axel.

Los ojos cerrados con Bernardo.

Las lágrimas.

La historia de perder la libertad y aprender a valorar hasta aquello que antes parecía insignificante.

Y finalmente aquel minuto en el que nadie dijo nada.

NEX TÚ nació como un espacio para conectar a las nuevas generaciones con experiencias, ideas y diferentes maneras de mirar su futuro. Pero aquella tarde terminó poniendo sobre el escenario una conversación mucho más urgente: qué está pasando dentro de nuestros jóvenes cuando nadie los está mirando.

Porque quizá hay quienes ríen y están pasando por un momento difícil. Quienes cumplen todos los días con la escuela, el trabajo, los amigos y la familia mientras por dentro están agotados. Quienes siguen haciendo lo que se espera de ellos sin preguntarse desde hace mucho tiempo si son felices.

No hay una conferencia capaz de curar la depresión. Tampoco basta una carcajada, una frase motivacional o cerrar los ojos durante algunos minutos. La salud mental requiere atención, acompañamiento y, cuando es necesario, ayuda profesional.

Pero hay algo que sí puede comenzar en un auditorio, en una casa, en un salón de clases o entre dos amigos: dejar de guardar silencio sobre lo que sentimos.

Quizá por eso, cuando las luces volvieron, la pregunta de Bernardo ya no sonaba igual.

¿Qué te tiene que pasar?

Tal vez no siempre necesitamos esperar a perder algo para valorar que sigue ahí. Tal vez no tendríamos que tocar fondo para pedir ayuda. Y quizá tampoco deberíamos esperar a que una silla quede vacía para preguntarle a quien está sentado junto a nosotros cómo se siente.

Aquella tarde hubo cientos de jóvenes dentro del Bicentenario.

Rieron.

Cerraron los ojos.

Algunos lloraron.

Y durante un minuto, todos guardaron silencio por uno que ya no estaba.

Afuera, la vida siguió.

Pero ojalá que para alguno de quienes estuvieron ahí, aunque sea para uno, algo haya comenzado a sentirse diferente.

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