Voces y ausencias en Plaza de Armas ¿y si lo encuentro yo?

San Luis Potosí amaneció con un silencio distinto este 30 de agosto. En el marco del Día Internacional de las Personas Desaparecidas, la Plaza de Armas se convirtió en un espacio de memoria y resistencia, donde el dolor de cientos de familias se hizo visible a través de fotografías, carteles y lágrimas que no se cansan de pedir justicia.

Poco después de las diez de la mañana comenzaron a llegar madres, padres, hermanas e hijos de quienes un día salieron de casa y no volvieron. Con manos temblorosas pero firmes, colocaron en los muros del corazón de la ciudad los rostros de sus ausentes. Cada imagen sostenida con cinta o alfiler parecía gritar lo que muchas veces las instituciones prefieren callar: aquí falta alguien.

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Edith Pérez Rodríguez, presidenta del colectivo Voz y Dignidad por los Nuestros, recordó con voz entrecortada que en San Luis Potosí se tiene registro de al menos mil personas desaparecidas. Y aunque la cifra por sí sola hiela la sangre, detrás de cada número hay un nombre, una historia y un hogar roto que sigue esperando.

La exigencia fue clara: las familias acusaron que la Fiscalía General del Estado minimiza y esconde los casos, mientras la violencia continúa dejando rastros ocultos bajo la tierra. “Constantemente aparecen restos en fosas clandestinas, prueba de que la desaparición en nuestro estado no es un hecho aislado, sino una herida que sigue abierta”, señalaron.


Frente al Palacio de Gobierno, los colectivos levantaron un árbol de la memoria. De sus ramas colgaban las fotografías de víctimas de desaparición forzada, como si fueran frutos de un país herido, como si el aire del Centro Histórico quisiera darles vida otra vez.

El mensaje fue uno: no habrá olvido. Las familias pidieron a autoridades de todos los niveles que trabajen realmente para ubicar a los desaparecidos, que se comprometan a buscar en los lugares donde saben que los grupos criminales han sepultado sus huellas.

En el centro de la ciudad, entre rezos, consignas y abrazos que intentan sostener lo insoportable, quedó claro que este 30 de agosto no es una fecha más en el calendario. Es un recordatorio de que en San Luis Potosí, como en todo México, la ausencia pesa y la esperanza insiste.

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