He estado pensando si escribir o no sobre esto… No porque no tenga una postura definida, sino porque cansa ver cómo las luchas históricas de las mujeres se utilizan —una vez más— como herramienta de control político, disfrazadas de justicia histórica.
Hoy, el Congreso local aprobó una reforma que garantiza que en 2027 solo mujeres podrán competir por la gubernatura del estado en la elección estatal. Esta decisión fue respaldada por la mayoría de los legisladores en una sesión que, según fuentes, avanzó con rapidez y sin debate profundo en algunos aspectos clave.
Y aquí está mi punto:
Ser feminista no nos hace ciegas.
Defender la igualdad real implica cuestionar cuando:
Se usan conceptos de paridad o igualdad para fortalecer derechos que han sido negados históricamente, pero se implementan sin condiciones claras, sin mecanismos contra nepotismo o concentración de poder.
Se acelera una reforma electoral que redistribuye quién puede competir, pero no se acompaña de reglas democráticas y transparentes para garantizar procesos justos para todas y todos.
La paridad es una conquista fundamental. Pero no puede convertirse en un disfraz para diseñar elecciones a la medida de intereses particulares.
Estoy absolutamente a favor de abrir espacios reales para que mujeres compitan, lideren y transformen. Pero también creo firmemente que:
✔️ La igualdad sustantiva se construye con reglas democráticas claras.
✔️ No basta con reservar espacios; hay que garantizar transparencia, competencia leal y pluralidad real.
✔️ Usar la historia de luchas feministas como herramienta estratégica de poder puede terminar dañando esa misma lucha y debilitando la credibilidad del feminismo político.
Que seamos feministas no nos convierte en aplausos automáticos ni en observadoras pasivas de decisiones que, bajo un buen slogan, pueden esconder mecanismos de exclusión o de control político.
La paridad debe ser una herramienta de justicia, no de manipulación electoral.
