Feliz día de la madre

Dicen que la maternidad cambia la vida. Y sí, cambia la agenda, la cartera … y hasta la lógica jurídica. Porque aprendes que el “interés superior de la niñez” implica también salir corriendo a las 7:00 a.m, dejando mil pendientes en casa, sin haber desayunado y dejando en pausa —otra vez— cualquier intento de dedicarte cinco minutos a ti, pero asegurándote de que ellos salgan impecables y a tiempo.

Ser mamá y profesionista es un ejercicio constante de equilibrio. No ese equilibrio idealizado, sino uno mucho más real: el de responder un mensaje urgente mientras buscas el uniforme, el de repasar mentalmente un argumento jurídico mientras haces magia para que aparezca el otro zapato, el de llegar a tiempo… o al menos no tan tarde.

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En el mundo profesional nos hablan de eficiencia, resultados y productividad. En la maternidad, en cambio, los indicadores son otros: lograr que alguien pequeño coma verduras, que duerma a una hora razonable o que acepte que no puede llevar cualquier cosa que se le ocurra al colegio. Y en ese cruce de mundos, se descubre que también hay habilidades transferibles: la paciencia de un juicio largo sirve perfecto para las tareas escolares y la capacidad de argumentar se vuelve indispensable cuando te dicen “¿por qué?” por quinta vez consecutiva.

Claro, hay días en los que todo parece salir mal. El correo urgente llega justo cuando alguien se enfermó, la llamada entra precisamente en el momento del llanto, la junta coincide con el festival, la semana de exámenes llena de vencimientos y una se pregunta si de verdad está haciendo bien las cosas. Pero también hay otros —y esos son los importantes— en los que entiendes que no se trata de hacerlo todo perfecto, sino simplemente de hacerlo posible.

Porque la maternidad no cancela la vocación, pero sí la transforma. Nos vuelve más empáticas, más prácticas. Nos enseña que el tiempo es valioso y que el cansancio también puede ser motivo de orgullo. Y sobre todo, nos recuerda que detrás de cada logro profesional hay una historia que no siempre se ve: la de una mujer que aprendió a dividirse sin romperse.

Así que no, no tenemos todo bajo control (aunque a veces lo aparentemos muy bien). Pero tenemos algo mejor: la capacidad de adaptarnos, de reírnos del caos y de seguir adelante con un expediente en una mano… y un dibujo en la otra.

Y si al final del día, hubo un abrazo antes de dormir, entonces podemos decir que fue un día exitoso. Feliz día de la madre.

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